Hoy en unos de mis momentos de ansiedad, supliqué a Dios que el tiempo pasara rápido, porque solo el tiempo tiene la respuesta a todas mis preguntas y con ello terminaría una larga espera y esta angustia que cargo a todas horas.
Hoy me sentí como si estuviera caminando cuesta arriba de una enorme montaña, en donde la neblina y la obscuridad generada por los enormes árboles no permiten el paso de los rayos del sol, no me permiten ver hacia donde me dirijo, solo logro ver las hojas secas que voy dejando atrás, de repente me tropiezo con enormes rocas que encuentro en el camino, algunas son tan grandes que provocan que caiga, el temor de no saber que es lo que sigue, me grita al oído que me detenga y no continúe, pero cierro los ojos y recuerdo que en algún lugar hay gente que esta ansiosa por que pronto llegue a la cima en donde me estarán esperando, y es lo que me impulsa a seguir adelante, agarro fuerzas y me tomo de lo primero que encuentro para sostenerme e iniciar nuevamente el camino.
Continuo en el camino que creo es el que me llevará finalmente a la cima de la montaña, ese lugar tan anhelado en donde podre mirar hacia abajo y sentirme orgullosa por haberlo logrado. Sin duda el recorrido es el más doloroso porque es un recorrido en donde no sabes si has tomado el camino correcto, si después no te arrepentirás de haber tomado una decisión, no sabes si esa enorme montaña tiene un fin, que tan alta es y la pregunta final, no sabes si al final de todo valdrá la pena todo el esfuerzo.
Pero como en la vida no hay respuestas a estas preguntas, no me queda más que confiar en que cuando Dios te quita algo, es para abrirte los brazos y darte algo más grande. Espero estar haciéndolo de la mejor manera, espero que el recorrido que he hecho me acerque cada vez más y que poco a poco el camino sea más claro. Con fe, se que lo lograré.
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